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BLOG: Opciones de Vida
Carlos Gil
Carlos Gil
Especialista en Programación Neurolingüística
Abril 25, 2017

Lo esencial del libro meditaciones
Publicado: Abril 25, 2017

LO ESENCIAL DEL LIBRO MEDITACIONES
DE MARCO AURELIO

LIBRO PRIMERO:

I. De mi abuelo Vero, aprendí el ser de costumbres honestas y a no enojarme con facilidad.
II. De la buena reputación y loable memoria de mi padre, aprendí el portarme con discreción y varonilmente.
III. De mi madre, aprendí el respeto a los dioses; la generosidad para con todos; el abstenerme, no sólo de llevar a cabo malas acciones, sino también de pensarlas; el ser moderado en la comida y a alejarme de la vida opulenta que presumen los ricos.
IV. De mi bisabuelo, aprendí el no menospreciar las escuelas públicas y, en casa, el buscar a los mejores maestros, persuadido de que en la educación no se debe perdonar gasto.

LIBRO SEGUNDO:

I. Todas las mañanas recuerda repasar esta cuenta: hoy tropezaré con al menos un fisgón, con un ingrato, con un provocativo, con un doloso con un envidioso y con un intratable, pero yo sé bien que la causa de todos estos vicios es porque estas personas ignoran el bien y el mal. Por el contrario, yo he aprendido y meditado, por una parte, que la naturaleza del bien consiste totalmente en lo honesto y la del mal en lo torpe. Por otra parte, comprendo bien que quien comete un error no deja de ser mi pariente (no necesariamente por el vínculo de compartir una misma sangre o prosapia, sino porque participamos una misma mente y partícula o
porción divina). Es por todo lo anterior que comprendo que ninguno de ellos puede perjudicarme (puesto que ninguna otra persona puede enredarme en su infamia mientras yo no lo permita) y que no he enojarme contra quien es mi pariente, ni concebir odio contra su persona. Los hombres hemos nacido para ayudarnos mutuamente, como lo hacen los pies, las manos, los párpados, las dos filas de dientes; por ende, es cosa contra la naturaleza que unos a otros nos ofendamos, como definitivamente lo hace quien se enoja con otros y les contraria.

LIBRO TERCERO:

I. Uno debe hacerse a la idea de que día a día se va acortando el tiempo de vida, que por instantes se hace menor la parte que queda, pero, sobre todo, debe reflexionar que si viviera más tiempo, siempre estará lleno de duda respecto a si viviera más tiempo, siempre estará lleno de duda respecto a si le acompañará la misma capacidad de razón en la que se encuentra en el momento presente, pronto para la inteligencia de las cosas ingeniosas y para aquella reflexión suya que conduce al conocimiento real de los asuntos divinos y humanos. Porque una vez que la razón empezara a flaquear, por más que a uno no le falte ni la transpiración, ni la alimentación, ni la fuerza de imaginar y de apetecer, ni otras facultades semejantes, de todos modos se le comenzaría a apagar la fuerza para hacer uso de sí mismo, para cumplir con su deber a la perfección, para ordenar y arreglar sus pensamientos y para decidir con madurez cuándo sería tiempo de entregarse a la muerte; en resumen, para llevar a cabo todas aquellas reflexiones que requieren de una razón ejercitada y vigorosa. Conviene, entonces, darse prisa, ya que a cada momento uno se acerca más a la muerte, pero también porque le va abandonando a uno el conocimiento y la reflexión de las cosas.

LIBRO CUARTO:

I. El espíritu que guía al hombre, cuando está bien conectado con la naturaleza, se halla frente a los acontecimientos en un estado tal que siempre puede ajustarse fácilmente a lo que las oportunidades le permiten. No se ata ni da preferencia a ninguna materia en particular, sino que se propone lo mejor, aunque siempre con la debida prudencia. De esta forma, toma cualquier obstáculo que se le presente como un ejercicio de virtud y lo hace parte de él mismo. Ésto lo lleva a cabo de la misma forma que un fuego impetuoso se apodera de la materia que encuentra o que le arrojan (que sería capaz de apagarlo si fuera solamente una pequeña luz): al instante la resuelve, la convierte en parte de sí mismo y con esto se propaga y crece.

II. Ninguna obra se debe llevar a cabo en vano, ni de otra forma que con una exacta atención y de acuerdo con las reglas del Arte.

LIBRO QUINTO:

I. Ten a la mano esta reflexión para las mañanas en las que sientas pereza para incorporarte; “Yo me levanto para cumplir con los oficios propios de un ser humano; ¿por qué, entonces, voy a seguir perezoso si voy a hacer aquello para lo que nací y para lo que vine al mundo? ¿O es que acaso yo existo para quedarme aquí, calentando, sollozando, arrellanado en cama y envuelto entre cobertores?”. Si acaso respondes que eso es un placer, piensa lo siguiente: ¿acaso has nacido tú para deleitarte y no trabajar nada?, ¿no ves cómo los árboles, los pájaros, las hormigas, las arañas, las abejas y cada ser por su parte se esmera en perfeccionar su labor?, ¿y tú ni siquiera te darás prisa para llevar a cabo lo que es acorde a tu naturaleza?. Quizá me responderás: “Así es; pero también es necesario descansar”. Cierto es, sin duda, mas la naturaleza ha señalado un límite, así como lo ha hecho en el comer o el beber.

LIBRO SEXTO:

I. La materia del Universo es dócil y fácilmente modificable. La mente que la rige y modera de ninguna forma es maligna, puesto que no es propensa a dañar a otro, ni es capaz de recibir agravio de nadie. En este mundo todo se lleva a cabo como ella lo ordena.

II. Que te sea indiferente el cumplir con tu deber muerto de frío o abrigado, con sueño o bien dormido, injuriado o alabado, muriendo o haciendo cualquier otra cosa, ya que también una de las acciones del vivir es la que llevamos a cabo mientras morimos; basta entonces, que alrededor de ésta dispongamos bien lo que en ese momento tengamos entre manos.

LIBRO SÉPTIMO:

I. ¿Qué es la maldad? Es eso que has visto en varias ocasiones. Ante cualquier suceso ten a la mano esta reflexión: es eso que has visto en varias ocasiones. Absolutamente desde el principio al fin hallarás los mismos sucesos de los que están llenas las historias, de los que abundan las ciudades y las familias en el presente. No encontrarás nada nuevo; todo es cosa habitual y de corta duración.

LIBRO OCTAVO:

I. Para controlar tu vanidad, es útil recordar que no puedes presumir de haber pasado filosóficamente toda la vida o, por lo menos, la que comprende desde tu juventud hasta ahora.

II. En todas tus acciones pregúntate: “¿Cómo me atañe este asunto?, ¿acaso me arrepentiré de esto después?, dentro de poco tiempo también yo habré muerto y todo se habrá terminado para mí, entonces, ¿qué más puedo querer que el hecho de que la presente acción sea propia de un ser vivo, racional, sociable y guiado por las reglas con que gobiernan los dioses?”.

LIBRO NOVENO

I. Quien comete una injusticia comete una impiedad, pues la naturaleza del universo hizo a los hombres con el objetivo de que se socorriera mutuamente, de tal forma que, al ayudarse los unos a los otros según su mérito, no se hagan entre sí mal alguno.

XI. Si te es posible, enseña al que peca. Si no puedes, recuerda que te fue otorgada la clemencia, que incluso los mismos dioses se muestran benevolentes con estas personas y que, en ciertos aspectos, también le dan la mano, pues les ayudan en lo que respecta a la salud, la riqueza de la gloria. Así de buenos son ellos. Y tú puedes actuar de esta misma forma. Y si no lo haces así, dime, ¿quien te lo impide?

LIBRO DÉCIMO

XVI. De hoy en adelante, no te molestes en debatir cómo debe ser un hombre justo; se tú uno y bastará.

XXXII. Procura no dar motivos para que alguno diga de ti que no eres un hombre humilde o bueno. Antes, en vano cualquiera que tenga una opinión semejante. Todo está en tus manos. ¿Qué te impide ser bondadoso y honrado? Haz juicio de que no es conveniente vivir a menos que predomine la razón y poseas éstas cualidades.

LIBRO UNDÉSIMO

IV. ¿Logré beneficiar en algo a mi sociedad? Si es así, esa es mi recompensa. Recuerda siempre este postulado y no dejes de llevarlo a cabo.

XXIX. En el arte de leer y escribir no podrás ser maestro sin que antes hayas sido un buen discípulo. De la misma manera esto se aplica al arte de vivir, y con mucha mayor razón.

LIBRO DUODÉCIMO

XXI. Percátate que dentro de muy poco tiempo ni tú mismo, ni cosa alguna de las que ahora ves, ni persona alguna de las que viven precedentemente estarán en ninguna parte, puesto que todas las cosas nacen expuestas a la mutación, conversión y descomposición para que de sus ruinas surjan después otras cosas nuevas.

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